“No lo hagas”, me dijo.
La miré fijamente.
“¿Que no haga qué?”.
Se había puesto pálida.
“No la veas sola”.
Eso me asustó más que el grito.
Bajé la mirada hacia la cinta que tenía en la mano. Era un viejo casete VHS con una etiqueta escrita a mano.
“18 de junio de 1994”.
Nada más.
“¿Dónde está Daniel?”.
Ella tragó saliva.
“No lo sé”.