—¿Cómo está la espalda? —pregunté.
Me sonrió a través del espejo.
—Mejor.
Papá apareció en la puerta.
Por una vez, no le dijo que era hermosa ni perfecta. No le dijo lo que debía ver.
—¿Cómo te sientes? —preguntó.
Mamá contempló su reflejo.
—¿Cómo está la espalda? —pregunté.
Me sonrió a través del espejo.
—Mejor.
Papá apareció en la puerta.
Por una vez, no le dijo que era hermosa ni perfecta. No le dijo lo que debía ver.
—¿Cómo te sientes? —preguntó.
Mamá contempló su reflejo.