Daniel había desaparecido.
Al principio pensé que habría salido a comprar café, pero enseguida comprobé que tampoco quedaba rastro de su ropa.
Entonces descubrí un sobre blanco sobre la mesita de noche.
Cuando lo abrí y vi lo que aquel hombre al que acababa de conocer había dejado dentro, me arrepentí profundamente de aquella noche.
En su interior había una fotografía.
Era una imagen mía.
Aparecía dormida en la cama y resultaba evidente que alguien me había fotografiado durante la noche sin que yo me diera cuenta.
Las manos empezaron a temblarme.
En el reverso, alguien había escrito:
«Gracias por una velada maravillosa. Perdóname por lo que hice después. Pronto lo entenderás todo».
Leí aquellas palabras varias veces y agarré inmediatamente el móvil.
Daniel no respondió a mi llamada.
Entonces revisé mi bolso y comprobé que la cartera seguía allí. Tanto el dinero en efectivo como las tarjetas bancarias estaban intactos.