Me casé con el hermano gemelo idéntico de mi difunto esposo tres años después de su muerte. Pero, durante nuestra noche de bodas, descubrí una cicatriz que reveló un secreto aterrador…

Santiago enfrentó cargos relacionados con fraude, robo de identidad y obstrucción de la justicia.

Los investigadores no pudieron determinar si Sebastián había muerto durante la colisión o en el incendio posterior, lo que les impidió demostrar un cargo de homicidio.

Finalmente, Santiago fue condenado a veintidós años de prisión.

Nuestro matrimonio fue anulado.

Pero el momento más difícil llegó meses después, cuando la familia corrigió el nombre de la tumba de Sebastián.

Teresa llevó rosas blancas. Joaquín permaneció a su lado mientras Camila me sostenía de la mano.

En la nueva lápida podía leerse:

SEBASTIÁN MORALES

Teresa acarició su nombre con los dedos temblorosos.

—Durante tres años te llamé por el nombre de tu hermano. Perdóname, cariño.

Mientras conducía de regreso a casa, Camila me hizo una pregunta que llevaba mucho tiempo temiendo.

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