—Mamá, ¿papá era una mala persona?
Pensé cuidadosamente antes de responder.
—Tu padre tomó decisiones terribles, cariño. Tuvo muchas oportunidades de decir la verdad, pero cada vez eligió contar otra mentira.
—¿Y el tío Sebastián?
—Él también tenía miedo. Pero intentó hacer lo correcto.
Camila miró por la ventanilla y guardó silencio.
Todavía visito la tumba de Sebastián.
No porque fuera mi esposo. Nunca lo fue.
Le llevo flores porque intentó impedir que su hermano destruyera la vida de personas inocentes y porque merece ser recordado con su verdadero nombre.
La última vez que lo visitamos, Camila colocó una sola rosa blanca sobre su lápida.
Entonces dijo algo que jamás olvidaré.
—Tenía la misma cara que papá, pero tomó decisiones diferentes.
La estreché entre mis brazos.
Durante tres años creí que había perdido a mi esposo y que había vuelto a encontrar el amor.