Me casé con el hermano gemelo idéntico de mi difunto esposo tres años después de su muerte. Pero, durante nuestra noche de bodas, descubrí una cicatriz que reveló un secreto aterrador…

Creía que por fin había vuelto a encontrar la felicidad. Pero, durante nuestra noche de bodas, Sebastián se quitó la camisa y descubrí algo en su cuerpo que me heló la sangre.

Era una cicatriz que únicamente mi difunto esposo debería haber tenido.

Me llamo Mariana López. Tenía treinta y cinco años, era profesora de inglés en una escuela secundaria de Austin, Texas, y madre de una niña llamada Camila.

Cuando Santiago murió en 2019, mi mundo se derrumbó. Su automóvil se había estrellado y había comenzado a arder.

Su cuerpo quedó tan gravemente quemado que los investigadores lo identificaron gracias a sus pertenencias personales, su anillo de bodas y el testimonio de su hermano sobreviviente.

Sebastián había estado en el automóvil con él.

Después del funeral, Sebastián comenzó a formar parte de nuestras vidas discretamente. Reparaba las cosas que se estropeaban en casa, nos traía alimentos y me ayudaba a cuidar de Camila.

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