Y yo tampoco era el monstruo que describían algunas publicaciones.
La verdad era más incómoda.
Había querido hacer feliz a una joven que estaba muriendo.
Había tomado una decisión que no me correspondía tomar.
Y después había tenido que aprender que reconocer un error no significa aceptar una acusación falsa.
Pasé mi tarjeta por la segunda puerta.
Antes de entrar, miré por última vez el recordatorio de pago en mi teléfono.
1.780.000 pesos seguían separándome de estar libre de deudas.
Pero aquella mañana ya no me parecieron la cif