Lo peor fue escuchar a las personas que amaba hablar frente a mí como si yo ya estuviera muerta.
Pero también aprendí algo que jamás olvidé:
A veces la verdad no llega con el rostro que esperamos.
A veces el enemigo entra a tu habitación llorando y diciendo que te ama.
Y a veces quien parece estar destruyéndote es la única persona que está peleando, en silencio, para devolverte la vida.