Adriana me susurró:
—Respira.
—Has hecho cosas más difíciles.
Sonreí llorando.
—No sé si esto cuenta.
—Criaste seis hijas.
—Esto es caminar veinte metros.Tenía razón.
Entregué la mano de mi hija a un buen hombre.
Sí.
Lo investigué.
Mucho.
Soy padre de seis mujeres.
No confío rápido.
Después me senté en primera fila.
El asiento junto al mío estaba vacío.
Durante quince años, los asientos vacíos siempre habían dolido.
En festivales.
Graduaciones.
Hospitales.
Presentaciones.
Pero aquella vez no.
Porque ya no veía un espacio donde faltaba una madre.
Solo veía una silla vacía junto a un padre que nunca se había ido.
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PARTE 6: LO QUE OCURRIÓ DESPUÉS
Verónica no volvió a comunicarse.
Supe por conocidos que se mudó a otro estado.
También escuché que conservó la caja.
No sé si alguna vez la abrió de nuevo.