Pausa.
—No es crueldad.
—Es el recibo.
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PARTE 3: EL DOCUMENTO
Yo pensé que había terminado.
No.
Adriana metió la mano hasta el fondo de la caja.
Sacó una hoja dentro de una funda transparente.
Mi corazón se detuvo.
La reconocí.
—Adriana…
Ella me miró.
Después miró a su madre.
—¿Reconoces esto?
Verónica quedó completamente pálida.
—No hagas esto.
—Lo firmaste tú.
Mi hija se volvió ligeramente hacia los invitados.
—Quince años atrás, cuando mi madre decidió irse con otro hombre, firmó un acuerdo preparado por los abogados de él.Yo cerré los ojos.
Nunca había querido que mis hijas vieran ese documento.
Adriana continuó.
—Renunció voluntariamente a responsabilidades y derechos parentales sobre nosotras.
—Las seis.
Verónica dio un paso.
—Eso no fue exactamente así.
—Sí.
—Lo leí.
Mi hija levantó el documento.
—Y recibió dinero a cambio de cerrar sus obligaciones económicas y poder comenzar una vida nueva.