Sacó una cinta de graduación.
—Mi graduación.
—Tú no estabas.
—Papá lloró más que yo.
Después aparecieron más cosas.
Boletas.
Diplomas.
Fotografías.
Una pulsera del hospital de cuando Sofía se fracturó un brazo.
Un dibujo de Julia.
Entradas de festivales.
Fotografías de cumpleaños.
Quince años convertidos en objetos.
Una vida completa.
Conmigo en casi todas las fotos.
Y un espacio vacío donde su madre debería haber estado.
Adriana miró a Verónica.
—Esta caja contiene parte de todo lo que te perdiste.
—No hice esto para humillarte.
—Lo hice para que pudieras verlo de una sola vez.
Verónica temblaba.
—Esto es cruel.
Adriana inclinó un poco la cabeza.
—Llegaste a mi boda diciéndome que abandonarnos fue culpa de mi padre porque era pobre.
—Así que te estoy mostrando qué hizo ese hombre pobre durante los quince años siguientes.