El neurólogo confirmó que había evaluado su capacidad. El abogado explicó que la escritura se había formalizado ante notario.
Mauricio apretó los puños.
—Esto no se queda así.
Al día siguiente, Teresa y Marcela fueron al kínder de Camila e intentaron llevársela “para que conviviera con su familia paterna”. La directora se negó porque no estaban autorizadas y me llamó de inmediato. Actualicé la lista: solo mi mamá y yo podíamos recogerla.
Pensé que ese sería el límite.
Me equivoqué.
Camila visitó a su papá durante unos minutos y le habló junto a la cama. Cuando le dijo “papá, regresa conmigo”, los dedos de Tomás se movieron. El médico lo consideró una señal positiva.
Esa noticia llegó demasiado rápido a mis suegros.
Esa noche una tía de Tomás, que todavía tenía conciencia, me llamó a escondidas.