Mi esposo estaba a punto de perder el conocimiento cuando me pidió: “Prométeme que hoy mismo pondrás la casa de 13,4 millones a nombre de tu mamá”. Firmamos ante un notario en el hospital y yo no dije nada a su familia. Apenas cayó en coma, su madre reunió a sus hijos para repartirse nuestros bienes… pero una grabación que guardaba mi abogado estaba a punto de destruir su versión.

—Escuché a Mauricio decir: “Si despierta, perdemos todo”.

Desde entonces empecé a notar cosas extrañas: un sensor mal colocado, cambios sin explicación en horarios de medicamentos y una madrugada una cámara del pasillo perdió señal durante diez minutos. Vi a un hombre con gorra salir por la escalera. Tenía la misma complexión de Mauricio.

Una enfermera llamada Natalia finalmente me buscó.

—No deje solo a su esposo.

Días después me entregó una memoria USB. Había copiado imágenes antes de que fueran borradas. En una grabación se veía a Mauricio entregando un sobre a un médico joven, el doctor Paredes. En otra se escuchaba:

—No tiene que morir. Solo necesitamos que tarde meses en despertar.

También se oía la voz de Teresa:

—Mientras Tomás no hable, podemos recuperar la casa. Camila es niña. Ese patrimonio debe quedarse con Mauricio.

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