Mi esposo invitó a su exesposa a su cumpleaños porque, según él, ‘todavía es parte de la familia’. Cuando ella ocupó mi silla y él dijo delante de todos: ‘Ella llevaba esta casa mejor que tú’, no discutí. Esperé al postre y repartí 8 sobres con una foto del hotel. Pero el documento que guardé para el final hizo que dejara de gritar.

Camila se tapó la boca.

—A mí me dijiste que Valeria había aceptado invertir porque quería que volvieras a emprender.

—Porque iba a aceptar —gritó Diego—. ¡Somos esposos!

—Apoyarte no es falsificar mi firma —dije—. Eso es un delito.

—Es un borrador, no se presentó —insistió.

Sonreí.

—¿Seguro? Hace nueve días fui con mi abogado. Separé mis cuentas, cambié contraseñas, trasladé las joyas de mi mamá a casa de mi hermano y dejé una instrucción en el Registro Público y en la Notaría 42 de Zapopan: cualquier movimiento sobre esta propiedad requiere verificación biométrica presencial de la titular. Yo.

Saqué el último papel.

Era la carta de la notaría.

—Ayer intentaron ingresar el trámite. Fue rechazado. El notario reportó firma apócrifa. Ya está asentado.

El silencio fue sepulcral.

Mi suegra se levantó, se quitó el delantal que Camila le había puesto y me abrazó.

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