—Perdóname, hija. Yo crié a este cabrón.
Luego miró a Diego.
—Me das vergüenza.
Diego buscó ayuda en Camila.
—Dile que fue tu idea.
Camila retrocedió como si la hubiera golpeado.
—¿Mi idea? Tú me buscaste. Me dijiste que estabas atrapado con una niña berrinchuda que no sabía llevar una casa. Que extrañabas cómo yo llevaba todo. Que Valeria era un capricho hormonal. Me hiciste creer que la dejarías después del parto. ¡Me usaste para el plan del banco porque yo sí sabía de restaurantes! ¡Me hiciste quedar como roba maridos!
Me acerqué a Camila, no como enemiga, como mujer.
—Nos usó a las dos.
Mi hermano Julián abrió la puerta.
—Diego, agarra tus cosas y lárgate de la casa de mi hermana.
—¿A dónde voy a ir?
—Al hotel de $6,850 donde tanto te gusta hablar —dijo Julián.