Diego me miró suplicante.
—Valeria, estás embarazada. Piensa en nuestra hija.
Me puse la mano en el vientre. Mi hija se movía.
—Justamente por nuestra hija lo hago. No voy a criar a mi niña donde su mamá vale menos que la ex. Donde su papá dice que su embarazo es una complicación. No va a crecer creyendo que eso es amor.
Saqué un sobre más grande.
Era la demanda de divorcio y la denuncia por falsificación que mi abogado tenía lista.
—Dos opciones. Firmas el divorcio por mutuo acuerdo, te vas sin nada porque nada es tuyo, y no procedo penalmente. O nos vemos en juzgados y en Fiscalía. En Jalisco la falsificación para obtener crédito hipotecario no es un juego.
Diego se derrumbó en la silla que había defendido para Camila.
Lloró.
No era manipulación. Era miedo.