Mi esposo invitó a su exesposa a su cumpleaños porque, según él, ‘todavía es parte de la familia’. Cuando ella ocupó mi silla y él dijo delante de todos: ‘Ella llevaba esta casa mejor que tú’, no discutí. Esperé al postre y repartí 8 sobres con una foto del hotel. Pero el documento que guardé para el final hizo que dejara de gritar.

Era una foto tomada tres semanas antes en el estacionamiento del Hotel Riu de Guadalajara.

Diego la abrazaba por la cintura. Ella lo abrazaba por el cuello.

Se besaban.

Abajo había un ticket: cargo de $6,850 pesos a nuestra tarjeta en común. Misma fecha.

—¿Mandaste seguirme? —me gritó.

—No. Encontré el cargo. Dijiste que estabas con un proveedor en Tlaquepaque. Contraté a alguien para saber si podía confiar en el papá de mi hija.

Mi suegra lo miró.

—¿Tienes una explicación?

—Nos vimos para hablar del restaurante, mamá. Nada más.

Camila rió nerviosa.

—¿Hablar? ¿Así le llamas ahora?

—¡Cállate, Camila! —le gritó Diego.

Esa palabra lo delató.

Todos la miramos.

—Tú me dijiste que tu matrimonio estaba terminado —soltó ella—. Que te casaste muy rápido. Que el embarazo te complicó todo.

Sentí a mi bebé patear fuerte.

—¿Mi embarazo? —pregunté, tocándome el vientre.

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