Mi esposo me echó de casa sin dejarme llevar nada… tres días después abrió el armario y entendió su error

Asintió lentamente.

—¿Y si hubiera corrido detrás de ti aquel día?

—No lo hiciste.

—Pero si lo hubiera hecho…

—Adrián, la vida no se repara con versiones imaginarias de un hombre que nunca fuiste.

No dijo nada.

Yo continué caminando.

Al salir del edificio, Sebastián me esperaba junto al auto.

El mismo auto negro.

La misma puerta del copiloto.

Pero esta vez yo no llevaba ropa de dormir ni zapatillas.

Llevaba mi bolso.

Mi teléfono.

Mis documentos.

Mis llaves.

Mi nombre.

Mi vida.

Sebastián abrió la puerta.

—¿Wonton?

Lo miré y sonreí.

—Wonton.

Volvimos a la calle vieja.

El dueño todavía nos reconocía.

—Hace tiempo que no venían los dos juntos —dijo.

Sebastián respondió:

—Mi hermana volvió.

El anciano sonrió sin entender del todo.

Yo sí entendí.

No había vuelto a un lugar.

Había vuelto a mí.

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