Mi esposo olvidaba mi cumpleaños todos los años, pero esta vez regresó a casa con un pastel. Cuando vi el número de velas, mis manos comenzaron a temblar…

Pero nunca había logrado olvidarla.

Cada año, el día de su cumpleaños, encendía una vela en secreto.

Y aquel año cumplía diecinueve.

Daniel no podía saber nada sobre ella.

O al menos eso era lo que yo creía.

—¿Cómo te enteraste? —pregunté.

En lugar de responder, sacó una silla.

—Siéntate, Laura.

—¿Abriste mi vieja caja?

—No.

—¿Te lo contó mi madre?

Daniel negó con la cabeza. Luego sacó un pequeño sobre de su bolsillo y lo colocó junto al pastel. No me atreví a tocarlo.

—¿Desde cuándo lo sabes? —pregunté.

—Desde hace unos tres meses.

En aquel momento, los peores pensamientos invadieron mi mente. Quizá había decidido abandonarme. Tal vez creía que lo había engañado durante todos esos años. Puede que el sobre contuviera los documentos del divorcio.

Durante las últimas semanas, Daniel había regresado tarde a casa con frecuencia. Cada vez que le preguntaba dónde había estado, decía que estaba trabajando. Varias veces lo había visto hablando en voz baja con alguien en el balcón y terminando la llamada en cuanto yo entraba.

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