Las invitaciones a cámaras empresariales.
Los créditos preferenciales.
Todo había pasado por contactos de Grupo Salazar o por capital mío colocado discretamente.
Mauricio creía que finalmente el mundo había reconocido su talento.
—Papá —dije—, esta noche negocia con él como negociarías con cualquier empresario.
Mi padre entendió.
—¿Y tú?
Miré la reservación que tenía preparada desde hacía días.
—Me voy a Puerto Vallarta. Necesito ver a la tía Teresa.
Antes de abordar, recibí una fotografía de Renata.
Ella estaba sentada junto a Mauricio en la cena. Su mano descansaba sobre el respaldo de su silla.
Pero lo que me hizo detenerme no fue eso.
En sus orejas llevaba los pendientes de perlas que habían pertenecido a mi madre.
Los mismos que guardaba bajo llave en mi recámara.
Le envié la fotografía a mi padre.