Después escribí:
“Ahora sí puedes empezar.”
Apagué el teléfono y subí al avión mientras, a varios kilómetros de distancia, Mauricio levantaba una copa sin imaginar que el hombre al que estaba a punto de pedirle el contrato más importante de su vida era mi padre.
No podía creer lo que estaba a punto de ocurrir…
PARTE 2
Mauricio llegó a la mesa principal acompañado de Renata como si ya fueran una pareja.
Ella llevaba un vestido vino, mis pendientes de perlas y una sonrisa imposible de esconder.
—Licenciado Salazar —dijo Mauricio—, es un verdadero honor. Constructora Robles quiere agradecerle personalmente la invitación.
Mi padre no levantó su copa.
—¿Vino solo, señor Robles?
Mauricio sonrió.
—Con mi secretaria.
—¿Está casado?
La pregunta lo descolocó.
—Sí.
—Entonces, ¿dónde está su esposa?
Renata bajó la mirada.
Mauricio se aclaró la garganta.
—Se sintió mal. Prefirió quedarse en casa.