Se examinaba un patrón concreto.
Conducir después de beber con la niña en el automóvil.
Dejarla sin supervisión.
Usarla para castigar a Mateo.
Incumplir repetidamente sus horarios escolares.
Y finalmente abandonarla en el aeropuerto para irse de vacaciones.
Entonces me tocó declarar.
La abogada de Fernanda preguntó:
—¿Es cierto que usted sufrió infertilidad?
—Sí.
—¿Y que siempre quiso tener hijos?
—Sí.
—¿No es posible que vea en Sofía la oportunidad de vivir la maternidad que no pudo tener?
Sentí a mis padres observándome.
Durante años me había avergonzado de aquella palabra.
Infértil.
Como si significara incompleta.
Respiré.
—Querer a mi sobrina no me convierte en su madre. Y no estoy pidiendo serlo. Su papá está aquí. Yo solo digo lo que vi: una niña sola preguntándome si su mamá se había ido porque ella era mala. Si yo callara para que mi familia no se enoje conmigo, entonces sí estaría poniendo mis sentimientos por encima de Sofía.