Fernanda apretó la mandíbula.
Cuando le tocó hablar, dijo que todo había sido “una broma familiar que se salió de proporción”.
El juez preguntó:
—¿La tía había aceptado hacerse responsable de la niña durante el viaje?
—No exactamente, pero es su hermana.
—¿Le informó antes de abordar que dejaría a la menor con ella?
—No.
—¿Esperó a comprobar que regresara?
Fernanda bajó la mirada.
—No.
Entonces apareció su mensaje:
“Siempre dices que habrías dado cualquier cosa por tener una hija. Pues ahí te dejé una. Aprovecha.”
Fernanda intentó sonreír.
—Era sarcasmo.
El juez la miró fijamente.
—Para usted. Para la niña, fue abandono.
Mi madre se levantó.
—¡Eso es exagerado! Nosotros sabíamos que Lucía iba a volver. Fernanda es una excelente madre. ¡Lucía siempre le ha tenido celos porque ella sí pudo tener una hija!
El juez le ordenó guardar silencio.