El camarero asintió.
Mary también lo vio.
Y justo en ese momento su expresión cambió.
Se inclinó hacia mí.
—Susan, ten cuidado. No creo que esta noche vaya a terminar como tú piensas.
—¿Qué quieres decir?
No respondió.
Unos minutos después dijo que iba al baño.
Pero yo la vi pasar de largo.
Y dirigirse directamente hacia el gerente del restaurante.
Hablaron durante varios minutos.
Cuando Mary regresó, tenía una sonrisa extrañamente tranquila en el rostro.
—¿Qué hiciste?
—Ya lo sabrás después.
Justo entonces, una de las amigas de Linda soltó una fuerte carcajada.
—Pidan lo que quieran. Todo sabe mejor cuando paga otra persona.
Linda le lanzó una mirada tan dura que la mujer se calló inmediatamente.
Yo tampoco me reí.
Por primera vez pensé que quizá aquel comentario no había sido una broma.
Unos veinte minutos después, el camarero comenzó a acercarse a nuestra mesa con la cuenta en la mano.