—¿Y qué te dijo?
Mary giró la pantalla del teléfono hacia mí.
—Me envió una fotografía de la verdadera madre de Emily.
Miré la imagen.
Los mismos rizos pelirrojos.
Los mismos ojos verdes.
La misma sonrisa.
Pero lo más aterrador no era el rostro de aquella mujer.
Lo más aterrador era que yo la reconocía. Y sabía algo que mi hermana jamás debía descubrir…
Lee la continuación en los comentarios 👇‼️
—Sarah, ¿por qué no dices nada? —preguntó Mary—. ¿Conoces a esta mujer?
Me quedé mirando la fotografía.
Se llamaba Linda.
Doce años atrás, había sido mi mejor amiga. Nos conocimos en un hospital donde ambas recibíamos tratamiento.
Yo tenía treinta años, estaba divorciada y deseaba desesperadamente ser madre. Linda atravesaba dificultades económicas mientras cuidaba de su madre enferma.
Nos volvimos inseparables.
Una tarde, me tomó de la mano y susurró: