Lo primero que hice fue cancelar la transferencia automática de dieciocho mil pesos que cada mes salía de mi cuenta hacia la cuenta desde la que Mauricio pagaba la hipoteca.
Después transferí mis ahorros personales a una cuenta nueva.
Nuestra separación de bienes siempre le había parecido conveniente a Mauricio. Cuando compramos la casa insistió en que él apareciera como único comprador y único deudor.
—Es más fácil para el banco —me había dicho.
Durante años confié en él.
Aquella noche comprendí que precisamente esa obsesión por dejarme fuera de todos los documentos podía convertirse en el error que destruyera su plan.
Saqué dos maletas.
Metí ropa de Sofía, documentos, mi computadora y lo indispensable.
Dejé los muebles, la vajilla que tanto cuidaba y hasta las fotografías de nuestra boda.
Encima del buró puse mi anillo.
A su lado dejé una copia del estado de cuenta con la transferencia de seiscientos cincuenta mil pesos a Valeria marcada con plumón rojo.