Otras cooperaron.
Un par de padres se acercaron a reconocer que habían visto señales meses antes y habían preferido confiar en la institución.
Ernesto fue quien más se resistió.
Durante años había logrado que cada problema alrededor de Sebastián desapareciera.
Una disculpa.
Una llamada.
Una reunión privada.
Una donación.
Otra oportunidad.
Pero ahora cada intento por hacer desaparecer el problema estaba dejando un nuevo registro.
Incluso Sebastián, cuando finalmente habló con especialistas sin su padre presente, contó algo que nadie esperaba.
Había sabido que Camila lo había denunciado porque alguien del colegio se lo dijo.
No le dijeron directamente:
“Camila te acusó.”
Pero un adulto había mencionado frente a él que “una niña de primaria había hablado con su maestra después del incidente detrás del gimnasio”.
Sebastián sabía perfectamente quién había estado ahí.