De cada momento en que necesitó saber si yo seguiría allí cuando el mundo dejara de parecer seguro.
Le apreté la mano.
—Siempre voy a intentar volver.
Camila negó suavemente con la cabeza.
—No. Ya volviste.
Y por primera vez desde aquella llamada del hospital, entendí que la justicia no era ver a otras personas caer.
Era ver a mi hija levantarse sin tener que convertirse en alguien cruel para lograrlo.