Entonces noté algo.
No había nadie del colegio.
Ni directora de grupo.
Ni orientadora.
Ni representante administrativo.
Nadie.
—¿Quién llamó a la ambulancia?
Una mujer que estaba cerca de la puerta levantó la mirada.
—Yo.
Se llamaba Natalia Chávez y era entrenadora deportiva del colegio.
—La encontré sola en el vestidor. Estaba desorientada y no podía levantarse. Pedí la ambulancia.
—¿Y quién me llamó a mí?
Natalia bajó la mirada.
La respuesta ya estaba ahí.
—A mí me llamó el hospital —dije.
Ella tragó saliva.
—La administración sabía lo que había pasado antes de que saliera la ambulancia.
Aquella noche fui directamente al colegio.
El director, Álvaro Ríos, me recibió con traje impecable y una tranquilidad que me resultó más ofensiva que cualquier grito.
—Estamos determinando el contexto.
—Nueve alumnos rodearon a mi hija de ocho años.
—Entiendo que sus emociones están muy elevadas.