—¿Quién cambiaba los reportes? —pregunté.
Natalia respiró hondo.
—La administración.
Luego añadió algo que hizo que todo encajara.
—El papá de Sebastián es Ernesto Villarreal. Es uno de los principales donadores del colegio.
Esa noche regresé al hospital.
Camila estaba despierta.
—Mamá…
—Aquí estoy.
—¿Me hicieron eso porque hablé?
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
—¿Quién te dijo eso?
—Sebastián. Me dijo que los soplones hacen sufrir a la gente.
Me senté a su lado.
—Escúchame bien. Hablar no fue tu error. Hiciste exactamente lo correcto.
Camila empezó a llorar.
—Entonces… ¿por qué los adultos no los detuvieron?
No tuve una respuesta bonita.
Así que le di la verdadera.
—Porque debieron hacerlo y no lo hicieron.
Tres días después, los nueve alumnos involucrados dejaron de asistir al Colegio Valle Alto.
Y esa misma noche recibí el primer mensaje de Ernesto Villarreal: