«No entiendes cómo eran las cosas».
«Entonces explícamelas».
«Tu abuela no estaba bien».
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Me enderecé en el asiento.
Ahí estaba
la primera explicación.
No una disculpa.
Una justificación.
«¿Qué quieres decir?»
«Ya estaba enferma. Confundía cosas. Yo tuve que hacerme cargo de ciertos asuntos».
Miré la fecha del retiro otra vez.
Mi abuela estaba enferma entonces, sí.
Pero yo también recordaba aquellas semanas con una precisión dolorosa porque prácticamente vivía entre el hospital, el trabajo y su casa.
Ella sabíaquién era yo.
Sabía cuándo era mi cumpleaños.
Sabía exactamente qué significaba esa cuenta.
Incluso me había preguntado una noche si todavía conservaba todas las tarjetas.
«¿Ella te pidió que retiraras el dinero?»
Mi mamá no contestó.
«Te hice una pregunta».
«Yo era su hija».
«Eso no responde nada».
«Tú estabas demasiado ocupada jugando a ser enfermera para entender lo que estaba pasando».