Sentí el golpe de esas palabras más de lo que esperaba.
Yo había puesto en pausa mis estudios precisamente para cuidar a mi abuela.
Había tomado turnosextra porque necesitábamos dinero.
Había dormido en sillas incómodas y comido cualquier cosa entre horarios porque no quería que ella pasara sola sus peores días.
Y mi mamá acababa de convertir eso en una acusación.
Por un momento quise gritarle.
No lo hice.
La pregunta seguía siendo la misma.
«¿Mi abuela te pidió que retiraras ese dinero?»
Mi mamá soltó el aire.
«Necesitábamos resolver unas cosas».
Necesitábamos.
Esa palabra cambió la conversación.
Ya no estaba hablando de mi abuela.
Estaba hablando de su propia casa.
«¿Qué cosas?»
«Gastos».
«¿Qué gastos?»No voy a rendirte cuentas de mi matrimonio».
«No te pregunté por tu matrimonio. Te pregunté por el dinero de la abuela».