Mi marido me comparó con la esposa de un amigo y soltó: “Ella sí sabe atender a su hombre; con mi sueldo yo no debería tocar ni una escoba”. En vez de pelear, llamé a aquella mujer y después puse todos nuestros recibos sobre la mesa. Lo que descubrí sobre su supuesta “esposa perfecta” me dio una idea, pero el verdadero golpe llegó cuando nuestra tarjeta común quedó en cero.

Raúl se puso rojo.

—Sigue así y luego no te sorprendas cuando encuentre tu reemplazo.

Aquella frase terminó de convencerla.

Durante su descanso llamó a Paola.

—Necesito preguntarte algo raro —dijo Mariana—. ¿Es verdad que tú haces absolutamente todo en tu casa porque Mauricio mantiene la familia?

Al otro lado hubo unos segundos de silencio.

Luego Paola soltó una carcajada.

—¿Mauricio dijo eso?

—Raúl asegura que eres el ejemplo de esposa que debería seguir.

Paola volvió a reír.

—Mariana, viene una señora tres veces por semana a limpiar. La ropa la mandamos a lavandería y cocino quizá una vez cada quince días. La mitad del tiempo pedimos comida por aplicación.

Mariana apretó el teléfono.

—¿Entonces eso de que obedeces a Mauricio…?

—Puro teatro para sus amigos. Le encanta hacerse el muy macho cuando están juntos.

Esa noche Mariana esperó a que Raúl terminara de repetir nuevamente que vivían “principalmente gracias a su sueldo”.

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