Entonces sonrió.
—Perfecto. Hagamos una prueba. Durante un mes, cada quien vivirá con su propio dinero.
Raúl levantó las cejas.
—¿Tú quieres hacer eso?
—Sí. Cada quien paga sus gastos personales. Y los gastos comunes se dividen de manera clara. Así veremos quién depende realmente de quién.
Raúl se echó a reír.
—Acepto. En dos semanas vas a estar pidiéndome dinero.
—¿Y si eres tú quien no llega a fin de mes?
Él sonrió con soberbia.
—Eso no va a pasar.
—Entonces apuesta algo.
Raúl aceptó: si Mariana perdía, cocinaría los cortes de carne que él quisiera dos veces por semana. Si Raúl perdía, volvería a compartir las tareas y durante varios meses él se encargaría de limpiar personalmente el baño.
Se estrecharon la mano.
Raúl la miró como si ya hubiera ganado.
Lo que no sabía era que Mariana conocía cada peso que salía de esa casa.