Te quiero.
No había posibilidad de que estuviera equivocada.
Michael había escrito aquella carta.
Comenzaba así:
Linda, si alguna vez estás leyendo esto, significa que Susan finalmente decidió contarte lo que yo nunca tuve el valor de confesarte.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Seguí leyendo.
Michael escribió que durante el vigésimo año de nuestro matrimonio había hecho algo que nunca pudo perdonarse.
Ese fue el año en que pasé meses cuidando a mi madre enferma. Me quedaba en su casa la mayor parte de la semana.
Recordaba perfectamente aquella época.
Susan también estaba atravesando un momento difícil. Su matrimonio acababa de terminar. Venía a nuestra casa con frecuencia.
A veces incluso era yo quien le pedía que pasara a ver a Michael, que le llevara algo de cenar o simplemente que le hiciera compañía.
Entonces llegué a una frase de la carta y me detuve.