Teddy había ladrado con tanta agresividad contra aquel hombre que finalmente se marchó.
Papá se había olvidado por completo de aquel incidente.
Al día siguiente, la policía nos informó de que el sospechoso había sido detenido.
Dentro de su vehículo, los investigadores encontraron listas con direcciones de personas mayores, documentos falsificados y números de teléfono.
La dirección de mi padre aparecía en aquella lista.
Y la información sobre mi madre había sido obtenida de antiguos registros públicos.
Pero aquella no fue la última sorpresa.
Una semana después, llevé a papá y a Teddy al veterinario.
Quería asegurarme de que el pequeño perro estuviera sano.
Cuando el veterinario escuchó lo sucedido, sonrió.
—¿Sabe una cosa? Los perros pueden recordar a las personas extraordinariamente bien, especialmente a aquellas que alguna vez les provocaron miedo.
En ese momento, mi padre comenzó a llorar.