Lo primero que vi fue un cuaderno de tapas de cuero.
Debajo había documentos notariales.
Y una memoria USB.
Don Arturo abrió el cuaderno.
Leyó tres páginas.
Luego levantó los ojos hacia mí.
—Alicia… tu padre no tiene idea de lo que Elena dejó aquí.
Conectamos la memoria a una computadora.
Apareció el rostro de mi abuela mirando directamente a la cámara.
Y cuando comenzó a hablar comprendí que el verdadero secreto todavía no había salido a la luz.
PARTE 3
Mi abuela estaba sentada frente a una pared blanca, acompañada por un notario y una doctora que se identificaron ante la cámara.
La fecha aparecía claramente en la grabación: tres semanas antes de su muerte.
Elena estaba delgada. Respiraba con dificultad. Pero sus ojos tenían la misma claridad con la que durante años había revisado cada recibo de la posada.