—Mi nombre es Elena Ramírez Ortega —dijo—. Sé perfectamente qué día es, dónde estoy y qué documento he firmado.
Don Arturo detuvo el video.
Después colocó frente a mí uno de los documentos encontrados en la caja.
Era una valoración médica independiente.
La especialista certificaba que mi abuela conservaba plenamente sus facultades cognitivas y su capacidad para tomar decisiones patrimoniales.
No había demencia.
No había confusión.
No había una nieta manipulando a una anciana indefensa.
Había una mujer preparándose para impedir que su propio hijo destruyera lo que ella había construido.
Reanudamos el video.
—He decidido no dejarle la propiedad costera a mi hijo Ricardo —continuó Elena— porque durante años ha intentado convencerme de venderla. Cuando me negué, comenzó a tratarme como si yo fuera incapaz de decidir.
Después habló de Fernanda.
No la insultó.