Creí que me reprobaría.
Sacó otra hoja.
—Tienes cuarenta y ocho horas. Entrégame un proyecto serio sobre el impacto de la urbanización turística en ecosistemas costeros. Si no puedes hacerlo, repruebas. No te estoy regalando nada.
Esas cuarenta y ocho horas cambiaron otra parte de mi vida.
Escribí sobre dunas, zonas de anidación, erosión, contaminación y presión inmobiliaria en la costa de Baja California.
Y mientras investigaba comprendí algo que mi abuela probablemente ya sabía.
La posada no tenía que convertirse en condominios para sobrevivir.
Podía tener otro futuro.
Ocho meses después del funeral llegó la audiencia decisiva.
Mi padre apareció impecable, con traje azul oscuro y un abogado de Tijuana especializado en sucesiones.
Yo llevaba un saco usado que había comprado por internet.
Ricardo me observó como si ya hubiera ganado.
Su abogado presentó a un médico que afirmó que Elena había sufrido deterioro cognitivo en su último año.