Además, se enviaron copias de los documentos a las autoridades competentes para investigar la posible falsificación y el fraude relacionado con el crédito.
Yo había ganado.
Pero todavía no podía respirar tranquila.
La propiedad continuaba cargando una deuda que podía terminar en ejecución mientras el banco investigaba cómo había sido obtenida.
Así que recurrí a lo único que había aprendido durante aquellos meses: dejar de esperar que alguien viniera a rescatarme.
Volví con el profesor Morales.
Le enseñé mi proyecto.
Le expliqué que la propiedad incluía costa prácticamente intacta, zonas de matorral, acceso directo al Pacífico y edificios que podían acondicionarse para investigadores.
—Quiero convertir parte de la posada en una estación de investigación y educación ambiental.
El profesor me observó durante varios segundos.
—Tienes diecinueve años.
—Eso ya me lo recuerdan bastante.