—Mamá, sí se ve mal.
—Se ve dramática —respondió Teresa—. Y si nos detenemos, perdemos la comida, la reservación y todo.
Entonces vomité.
Adrián frenó en el acotamiento. Bajé como pude y apenas alcancé a sostenerme de la puerta.
—Llévame a urgencias —le supliqué.
Teresa se bajó detrás de mí, cruzó los brazos y dijo una frase que jamás voy a olvidar:
—Si de verdad te estás muriendo, muérete sin hacernos responsables.
Yo miré a mi esposo.
—Adrián… por favor.
Él bajó la cabeza.
Y lo que hizo después me demostró que yo nunca había conocido al hombre con el que me casé.
No podía creer lo que estaba a punto de pasar…
PARTE 2
—Bájate.
—¿Qué estás haciendo? —alcancé a decir.
—Quitando el problema de en medio.
Apenas podía sostenerme. Terminó sacándome del asiento y caí de rodillas sobre la tierra.