—El cupón ya no vale, señor. Son 230 pesos adicionales.
—Pues deje el platillo y váyase. No es culpa mía que cambiaron de dueño.
—Yo solo trabajo repartiendo.
—Entonces dígale a su jefe que respete lo que promete.
Saqué dinero para pagar, pero Mauricio me agarró la muñeca.
—¡No! Si pagas, les estás enseñando que pueden estafar a cualquiera.
Mi padre se levantó lentamente. Sacó un billete, pagó al repartidor y
luego miró a Mauricio de una forma que jamás olvidaré.
—Quédate con la comida. Y también con el tequila. Mi hija y nosotros vamos a cenar fuera.
Mauricio ni siquiera se disculpó. Cuando regresé, había terminado la comida y casi media botella.
Esa noche exploté.
—A partir de hoy, tú atiendes a tu madre y yo a mis padres. No vuelvas a pedirme dinero, compras ni favores para ella.
—Qué dramática. Mi mamá sí sabe agradecer.
Esa frase me dolió porque durante años yo había atendido a su madre, Teresa. Llegaba con una bolsa vacía y se iba con comida, fruta y, si podía, alguna blusa o bolso mío.
—Ese vestido me quedaría perfecto para una comida con mis amigas —decía.
Y Mauricio respondía antes que yo:
—Llévatelo, mamá. Ella compra otro.
Comencé a cerrar con llave mi clóset y a cocinar solo lo necesario. Curiosamente, Teresa dejó de visitarnos
tanto.
Pasaron meses. Yo pensaba que al menos había logrado poner un límite. Entonces, una tarde recibí una llamada suya. Su voz sonaba dulce, demasiado dulce.
—Ay, hija, qué sorpresa tan hermosa me dieron. Nunca pensé que tendría un Mercedes.
Sentí que se me helaban las manos.
—¿Qué Mercedes?
Teresa soltó una risita.
—No te hagas. Mauricio me contó que te darán un bono grande y que con ese dinero ya apartaron mi coche.
Miré la pantalla de mi computadora. Una semana antes yo le había dicho a mi esposo que quería usar mi bono para hacer el primer viaje largo juntos desde la luna de miel.
Respiré hondo, colgué con mi suegra y marqué a Mauricio.
Él contestó feliz, como si acabara de hacerme un favor.
—Ah, sí. Ya lo aparté. Y puse tus datos para que en la agencia preparen todo. Solo falta que paguemos el resto cuando