Nuestro viaje al océano iba a ser el último deseo de mi hija, pero el gerente del hotel me reveló algo que jamás esperé…

Su favorito era La Sirenita.

A veces se lo leía dos veces seguidas.

Cada vez que llegaba al final, Sophie levantaba la mirada hacia él.

«¿Podemos leerlo otra vez?»

Y papá simplemente volvía a la primera página.

Nunca suspiraba.

Nunca le decía que ya lo habían leído.

Actuaba como si volver a leerlo fuera exactamente lo que él quería hacer.

Una tarde, mientras regresábamos en coche del tratamiento, le pregunté a Sophie por qué le gustaba tanto aquella historia.

Se lo pensó seriamente.

«Ella quiere ir a un lugar donde nunca ha estado.

Y entonces va.»

Seguí conduciendo.

Unos segundos después, Sophie miró por la ventana.

«El océano», dijo.

«Ojalá algún día pudiera ver el océano con mis propios ojos.»

Y luego, muy bajito:

«Me pone triste pensar que probablemente nunca podré verlo.»

Aquella frase rompió algo dentro de mí.

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