Aurora Tech nació en una mesa de cocina.
Y creció lo suficiente para que, años después, un conglomerado internacional intentara comprarla.
Yo rechacé la oferta al ver el membrete: Lancaster Group.
No quería un centavo suyo.
Ni siquiera sin que él lo supiera.
Leonardo pareció entenderlo todo por mi silencio.
—No estabas indefensa —dijo en voz baja.
—No. Pero estuve sola.
Esas palabras fueron peores.
Él bajó la mirada.
Victoria, en cambio, se aferró a lo único que le importaba.
—Exijo una prueba de ADN.
—No tiene que exigir nada —dije—. Ya las tenemos.
Abrí mi bolso y saqué una carpeta.
Leonardo miró los documentos, pero no los tomó.
—¿Hiciste pruebas?
—Cuando cumplieron doce años. Ellos empezaron a preguntar. Yo necesitaba tener una respuesta que no dependiera de mi memoria ni de mi dolor.
Caleb añadió con calma:
—Laboratorio certificado. Comparación genética obtenida a partir de muestras públicas del señor Lancaster disponibles en el registro médico de su fundación deportiva.