Cuatro personas contra el mundo.
Solo que ahora el mundo ya sabía que existíamos.
La segunda reunión fue tres días después.
Leonardo llegó sin su madre.
Sin su equipo habitual de diez asesores.
Solo con un abogado y su asistente.
Nosotros llegamos con mi abogada, Mara Collins, una mujer de cabello plateado que había sido mi mentora durante los primeros años de Aurora Tech.
—Señor Lancaster —dijo Mara al sentarse—, antes de discutir derechos, custodia, herencia o comunicación pública, necesitamos establecer algo: los menores no serán tratados como activos sucesorios.
Leonardo asintió.
—De acuerdo.
—Tampoco como herramienta reputacional.
—De acuerdo.
—Ni como extensión emocional de su pérdida.
Leonardo levantó la mirada.
Esa frase le dolió porque era exacta.
—De acuerdo —repitió.
Mara abrió una carpeta.
—La señora Bennett solicita reconocimiento legal de paternidad, pero mantiene custodia principal. Cualquier visita inicial será voluntaria, progresiva y determinada por los menores. No habrá mudanzas, cambios de escuela ni exposición pública sin consentimiento.