—¿Usted no sabía que existíamos?
Su voz no tenía acusación.
Eso la hacía peor.
Leonardo miró a su hijo menor.
—No.
—¿Nos habría buscado si lo hubiera sabido?
Leonardo no respondió enseguida.
Victoria intentó intervenir:
—Por supuesto que no tenía por qué…
—Cállate —dijo Leonardo.
Una sola palabra.
Victoria retrocedió como si la hubiera empujado.
Leonardo se agachó frente a Adrian, no demasiado cerca.
Tal vez porque había entendido que no tenía derecho a invadir el espacio de un niño que acababa de conocer.
—Sí —dijo—. Los habría buscado.
Adrian sostuvo su mirada.
—¿Aunque mi abuela no quisiera?
Leonardo se quedó quieto.
La pregunta era más inteligente que cruel.
—Sí —respondió al fin—. Aunque ella no quisiera.
Caleb cruzó los brazos.
—Eso no es una prueba. Es una respuesta cómoda cuando ya no puede cambiar nada.