Pero dos días después, Sofía apareció en mi apartamento.
No llevaba la actitud tímida de aquella noche.
Parecía aterrada.
—Necesito hablar contigo.
—No tenemos nada que
hablar.
—Sí.
Me entregó un sobre.
—Esto es tuyo.
Abrí el sobre.
Dentro había copias de mensajes entre Adrian y ella.
Algunos eran recientes.
Otros tenían más de dos años.
Pero había algo más.
Un documento médico.
Lo leí.
Y levanté lentamente la mirada.
—¿Qué es esto?
Sofía respiró profundamente.
—El bebé no es de Adrian.
—Entonces, ¿por qué todo esto?
—Porque él me pidió que dijera que podía serlo.
Me quedé helada.
—¿Él?
—Al principio yo quería decir la verdad.
—¿Qué verdad?
Sofía comenzó a llorar.
—Adrian me prometió que, si yo decía que el bebé era suyo, él cancelaría la boda contigo.
No podía creerlo.