Don Chema se quedó inmóvil en la silla, con el rostro bañado en llanto:
—¿De verdad… ya terminó todo? ¿Ya no me van a encerrar?
Sus tres hijas lo rodearon en un abrazo apretado:
—Se acabó, papá. Todo el mundo sabe quién eres.
Meses después, la investigación de la Fiscalía destapó un desvío millonario de más de veinte millones de pesos operado por Robles en distintos planteles. El patrimonio fue embargado y gran parte del dinero regresó a las escuelas públicas.
El nuevo director de la secundaria y la comunidad escolar organizaron un homenaje en el patio central. Cientos de alumnos y exalumnos llenaron el lugar para aplaudirle de pie. En el rincón más querido de la escuela colocaron una placa de bronce con una banca de hierro que decía:
«A José “Don Chema” Hernández. Porque hay quienes enseñan con libros… y quienes nos enseñan a vivir con su ejemplo.»