Valeria cotejó las anotaciones de Don Chema con las órdenes de compra oficiales:
—El cuaderno demuestra que los lotes de material por los que hoy pretenden encarcelar a Don Chema jamás entraron a la escuela. Fueron desviados antes de llegar al portón. Don Chema no solo no robó nada, sino que dejó constancia escrita de cada una de las trampas que la dirección intentó encubrir.
El juez hojeó la libreta en silencio durante largos minutos. Luego cerró el cuaderno con firmeza, miró a Robles y su voz cayó como una losa:
—Señor Robles, no tiene cómo justificar esto.
De inmediato, el juez dictó sentencia absolutoria total para José Hernández por falta absoluta de pruebas y por haberse demostrado su inocencia intachable. Acto seguido, giró orden de aprehensión inmediata en contra de Robles y sus cómplices por fraude al erario público, peculado y falsedad de declaraciones ante la autoridad judicial. Elementos de la policía procesal entraron a la sala y le pusieron las esposas al director frente a todos los que alguna vez le tuvieron miedo.