como servicios profesionales.
Todavía faltaba investigar.
Pero había suficiente para impedir que Daniel siguiera firmando órdenes.
—No quiero cerrar la empresa —dije—. Hay gente que depende de su sueldo.
—La empresa seguirá funcionando. Mañana entra el equipo provisional.
Asentí.
Mi madre necesitaba médicos. Los empleados necesitaban cobrar. Daniel tendría que responder por sus decisiones.
Por primera vez, esas tres cosas podían existir sin que yo tuviera que arrodillarme.
Lo encontré junto a la salida del hospital.
Estaba solo.
—Sofía se fue —dijo.
Esperó mi reacción.
No tuve ninguna.
Se quitó los guantes otra vez, como al principio de la noche, pero ahora le costaba sostenerlos.
—Podemos arreglarlo.
Lo miré.
Había imaginado tantas veces que me diría aquellas palabras. En nuestra cocina. Después de una cena humillante. Al día siguiente de dejarme sola en un aniversario.
Ahora solo sentía cansancio.